Station / Estación # 115: Mixcoac

I widened the usual circumferential scope further than usual in today’s ambling and rambling around Mixcoac.  I even drifted into San Antonio territory.

But, hey, it’s Sunday and the day may be suited more than any other to lengthy and unimpeded saunter.

From a plaque;

‘In the territory currently occupied by the Benito Juarez municipal district once dwelled the Mixcoac people, a Nahuatl name translating as ‘cloud serpent’ meaning ‘waterspout’ or ‘place where Mixcoatl is worshipped’, a God considered the father of the Anahuac peoples.’

 I Wandered through the streetscapes of elaborate headdresses and tiger eyes, of Lee “Scratch” Perry Mad Professor and a curbside in bloom.

Edifice of faith and spiderweb concentricity of windscreen depression.

And then in the middle of the street and unexpectedly, like an apparition before my very eyes, I found Jesus.

Jesus in my life!  An epiphany of faith, a realisation of the lacking creed of my existence.

The missing link.

Born again!

Actually, well, harrumph! No.  No, no, no.

I met Jesus.  Jesus the regular man.  Man of today.

 Flesh and blood and bones.  Cuticles and spectacles.

In fact, Jesus was just going about his regular business, selling didactic cards window to window as the roar of traffic dulls to a whimpering halt at the stipulation of semaphoric red.

Another foot soldier in the colossal army of the informal economy of Mexico.

Later I came to the entrance of the world’s largest bullring, ‘Plaza México’.

Loitering at the entrance were the security guards and they offered me safe passage into the inner depths of the arena for a few ‘beer coins’ so I  trundled on in and stood agog at the lofty peaks to peer down at the empty arena devoid of picadors, matadors and goring bulls.

The stadium free of blood-baying hordes.

Just how many wish it would remain forever more.

At ‘Parque Hundido’ (Sunken Park) a bulbous, spheroidal Olmec head stands motionless in dignified and bold solemnity whilst a mammoth Mexican flag battles gusts to unravel itself -to show its complete tri-coloured glory in unruffled splendour.

And then I too sunk down to the tubular subterranean depths to ride home through the dark underground of a city that is sinking too.

El alcance del andadura y vago fue más ancho que normal en la visita hoy a Mixcoac.  Hasta me fui a la deriva al territorio de San Antonio.

Pero es domingo y puede que un paseo largo y sin impedimentos conviene más a este día que cualquier otro.

De una placa;

‘En el territorio ocupado actualmente por la Delegación Política Benito Juarez se asentaba el pueblo de Mixcoac, nombre náhuatl que se traduce como “culebra de nube” y significa tromba, o también “lugar donde se adora a Mixcóatl”, dios considerado padre de los pueblos de Anáhuac.’

Pasé por las calles de tocados elaborados y ojos de tigres, de Lee “Sctratch” Perry Mad Professor y el bordillo de la acera floreciendo.

Edificio de fe y una telaraña concéntrica de una parabrisas rebajada.

Y entonces, al medio de la calle y de repente, como una aparición  ante mis propios ojos, encontré a Jesús.

¡Jesús en mi vida! Una epifanía de fe, una realización del credo que hace falta en mi existencia.

¡Renacido!

Actualmente, bueno, no.  No, no, no.

Conocí a Jesús.  Jesús el hombre regular. Hombre de hoy.

Carne y sangre y huesos. Cutículas y anteojos.

De hecho, Jesús estaba haciendo su negocio regular, vendiendo cartas didácticas ventana a ventana mientras el estruendo de tráfico se embota a una parada que gimotea a la estipulación del rojo del semaforo.

Otro soldado en el ejército colosal de la economía informal de México.

Luego llegué a la entrada de la plaza de toros más grande del mundo, ‘Plaza México.’

Al frente de la entrada estaban los guardias de seguridad y me ofreceieron entrar al interior del estadio en cambio por ‘unas monedas para cerveza’ así que entré y me paré asombrado a las alturas para mirar al centro del estadio desprovisto de picadores, matadores y toros listos para empitonar.

El espacio libre del muchedumbre aullando por sangre.

Justo como muchas personas les gustaría que se quedara para siempre.

En ‘Parque Hundido’ una cabeza olmeca, bulbosa y esferoidal, se queda sin mover en solemnidad digna y audaz mientras una bandera mexicana enorme lucha a desenredarse – mostrar todo su gloría de tres colores en esplendor desenmarañado.

Entonces yo también me hundí a las profundidades subterráneas tubulares para viajar bajo tierra en oscuridad a través de una ciudad que también está hundiendo.