Station / Estación # 120: Panteones

Tenía la intención de visitar Coyoacán como estación # 120 pero en los ultimos momentos antes de salir algo inexplicable me persuadió a abandonar esa idea y en lugar cambiar mi plan en dirección norteña a Panteones.

Así la estancía se reveló.

Después de pasar unas reliquias precolombianos dentro la estación misma salí al aire libre de los alrededores de la estación de metro Panteones, que toma su nombre de los panteones contiguos.

Panteon Español, Panteon Americano, Panteon Aleman y Cementerio Britanico estan ahí, uno al lado del otro por un lado de la estación.

‘Interés histórico’ no fue aceptado como razón valedera para entrar a Panteon Español así que con algo de inquietud me acerque a la entrada de Panteon Americano con la determinación de entrar.

Quise entrar porque sabía que la vida de Joan Vollmer, la esposa de William Burroughs  a quien él infamemente disparó en 1951, está conmemorada con un nicho pequeño en el fondo del cementerio.

Puedes leer más sobre la generación beat en la Ciudad de México en mi entrada por estación # 96 Insurgentes.

Resultó que no tenía problema en entrar y la personal era muy servicial en guiarme al sitio.

Después de visitar los panteones Americanos y Britanicos decidi dejar descansar mis habilidades muy limitadas de necromancía y fui caminando al lado opuesto de la estación para buscar contacto con el mundo moderno y vivo.

Me encontré con muchas torillas desechadas al acero para encrepar bajo del sol achicharrante.  ¿Una ofrenda a los fallecidos cercanos?

Las calles y mercados fueron torbellinos de actividad.  El precursor inevitable de las comidas de sábado, preparadas con amor y alegría.

Caminé por la calle ‘Lago de Atitlan’ y recordé del maravillo puro de esa joya idílica del paraíso guatemalteco.  Un mundo de diferencía a la Ciudad de México pero cuando cerro mis ojos está.

Entoces finalmente, avancé zigzagueando por las calles en dirección a la estación pasando Jesús Cristo y sillones tentadores bajo la sombra, siguiendo mi sendero de vuelta a donde todo empezó.

I was more or less decided that I would visit Coyoacán as station # 120 but in the final pre-departure moments something inexplicable goaded me into abandoning that idea and instead to about-face and head northward to Panteones.

This is how the Saturday sojourn unfolded.

After passing some pre-Columbian relics within the station itself I emerged to the open air of the surrounds of metro station Panteones, which takes its name from the adjoining cemeteries.

‘Panteon Español’ (Spanish Cemetery), ‘Panteon Americano’ (American Cemetery), ‘Panteon Aleman’ (Deutscher Friedhof) and ‘Cementerio Britanico’ (British Cemetery) line up one next to the other to one side of the station.

‘Historic interest’ didn’t cut it as a valid reason to gain entry to the Panteon Español so with some trepidation I approached the entrance to Panteon Americano determined to enter.

I was eager to get into the cemetery as I knew that the life of Joan Vollmer, William Burroughs’ wife who he infamously shot dead in Mexico City in 1951,  is commemorated with a small niche at the very back of the cemetery.

You can read more about the Beat Generation in Mexico City in my entry for station # 96 Insurgentes.

As it turned out I had no problem in gaining access and the staff were very helpful in guiding me to the site.

After visiting the American and British cemeteries I decided to give my very limited necromantic abilities a rest and wandered off to the opposite side of the station to seek engagement with the modern living world.

I came across a whole lot of tortillas discarded to the pavement to curl and crisp under the baking sun.  An offering to the nearby deceased?

The streets and markets were a flurry of activity.  The inevitable harbinger of Saturday meals, prepared with love and joy.

I walked along ‘Calle Lago de Atitlan’ (Lake Atitlan Street) and recalled the pure wonder of that idyllic gem of Guatemalan paradise.  A world away from Mexico City but there when I close my eyes.

Then finally I weaved through the streets back towards the station, past Jesus Christ and tempting shady easy chairs, following my path back to where it all began.