Station / Estación # 106: Balderas

Toda gloria a la rueda asombrosa!

Miles de años de servicio continuo a la humanidad.  ¿Obsoleta?  Nunca!

Sencillamente, hay que rendir homenaje.

Como cualquier ciudad, el papel de la rueda no se puede infravalorar.

Propulsado de motor; coches, buses, motocicletas, el metro!

El sistema del metro de la Ciudad de México es un metro de neumáticos.

Diariamente millones de revoluciones, sin ni un golpe de estado!

Sin embargo, lo que realmente alabar y aclamar es la rueda propulsada por la fuerza de humanidad.

Poder de pedales.  Poder de empujar. Poder de tirar.

La ciudad tiene mucho.

La segunda foto que tomé es de la bicicleta ubicua de entregas, en esta ocasión con pastel, frescamente horneado.

Pero, lo qué me realmente hizo pensar de la indispensabilidad de la rueda fue el señor amigable que conocí mientras esperaba a cruzar una calle de mucho tránsito.

Le saludé, asentiendo con la cabeza humildemente y con todo respeto mientras él también esperaba a seguir en el camino – a dar pedales para llevar sus bottelas vacias de vidrio a quién-sabe-donde.

‘¿Así se transporta los refrescos en Estados Unidos?

‘No creo, señor.’

‘De donde soy yo, Australia, no.  No señor.’

Después de unos minutos agradables aquel hombre pequeño y verde nos dejo pasar, cruce seguro concedido.

Poder de pedales, de empujar y de tirar es muy importante a la economía callejera de México.

Se empuja puestos de comida en cada dirección.  Bicicletas en abundancia.  Carrito de transporte, madre empuja su niño-hijo – carrito para divertirse.  Carretillo lleno de mangos.

Todos estan en las calles (alrededor de Balderas y por todos lados) y por lo tanto en la galería aqui.

Repito.

Toda gloría a la rueda asombrosa!

Seguí en el camino.  Pasé arte callejero, la Academía mexicana de la Historia, plantas de la Ciudad de México en tiestos de la Ciudad de México.

Y entonces, solo ahí en la calle y quién aparece por la segunda vez, un bis especial?  Sale del almacén dando pedales, otro recado que hacer.

‘Oye, mi amigo de Sidney!  Otra foto!’

Avanzo a comer mango.  Vendedor de mangos, amigo mio.  Empuja la carretilla 10 cuadras para llegar, 10 cuadras para volver a casa.

Amigos que lavan los vidrios de coches.

‘La próxima vez que vienes, traenos una torta, ok?’

En la Ciudad de México obviamente la rueda es una estrella y la he dedicado la mayoria de esta entrada de Balderas a ella.

¿Pero, qué es lo que realmente da valor al proyecto y al viaje?

La gente a lo largo del camino.

Gracias capitalinos, defeños, chilangos, llamense como quieren.

Los de cerca, los de lejos.

Gracias a TI también.

All hail the wondrous wheel!

Thousands of years continuous service to humankind.  Superseded?  Never!

Simply, homage must be paid.

As any city, the role the wheel plays cannot be underestimated.

Engine powered; cars, buses, motorcycles, the metro!

The Mexico City Metro is a rubber-tyred metro system.

Millions of revolutions daily, sans even one coup d’état!

However, what I really want to extol the virtues of is the human-powered wheel.

Pedal power.  Push power.  Pull power.

This city has them in spades.

The second photograph I took of the visit is of the ubiquitous delivery bicycle, this one plying cake, freshly-baked.

What really got me thinking about the indispensability of the wheel though was the comradely old chap that I met while waiting to cross a busy road.

I gave him a humble nod of respect as he also waited to move on; to pedal off his glass empty bottles to who knows where.

‘Do they transport soft drink bottles like this in the United States?’

‘I doubt it Señor.

Where I’m from, Australia, no.  No Señor.’

After a few convivial minutes that little green man sent us on our way again, safe passage granted.

Peddle, push and pull wheel power is central to the Mexican street economy.

Food stands rolled every whichaway.  Bicycles aplenty.  Hand trolley for transport, mum rolls little son-boy – trolley for diversion.  The wheelbarrow full of mangoes.

They’re all there in the streets (around Balderas and everywhere) and thus in the gallery here.

I repeat.

All hail the wondrous wheel!

I kept on my way. Past street art, the Mexican Academy of History, Mexico City plants in Mexico City pots.

And then, just loitering in the street (me) and who makes a sequel appearance, an encore materialization?  Steadily peddles out the warehouse, a new errand to run.

‘Hey, my Sydney friend!  Another photo!’

Onward to mango munching.  Mango man, my mate.  Wheels the barrow 10 blocks in, 10 blocks home.

Amiable window washers -  ‘Next time you drop by bring us a torta, eh?’

In Mexico City the wheel is obviously a star and I’ve given it centre stage today in this entry for Balderas.

But what really makes the project and the journey?

Folk along the way.

Gracias capitalinos, defeños, chilangos, call youselves what you may.

Those from near, those from far.

Thanks be to YOU too.