Station / Estación # 93: Juanacatlán

Al llegar a Juanacatlán casi inmediatamente asumo el papel de buen Samaritano.  Una abuelita antigua y encapuchada me pide llevarsela una caja pesada de quién sabe qué a un sótano de un estacionamiento.

Camino por las calles mientras la viejita me sigue por atrás, gritando indicaciones.

Por fin llegamos y me muestra mucho agradecimiento (hasta me quisó pagar 5 pesos) pero es agudamente franca a uno de los dos ocupantes (tomando su chelita) que nos reciben alli.

Inmediatamente bromea ‘ Eres mucho más gordo que él!’

De vuelta al aire libre un vehiculo que vende fruta pasa megafoneando precios.

En el caso que quieres algo más sustancial entonces podrías tomar el tal llamado:-

Creo que nunca me cansaré del arte callejero vibrante de esta ciudad y parece que la ciudad tampoco se cansará de presentarlo.

El Parque Lira tiene un par de alebrijes y también más esculturas interesantes y permanentes.

Bajando la cuesta en rumbo de vuelta a la estación conozco a Alejandro quien me llama con un amigable (con un matiz de, bueno, ahogado en ebriedad) “Good Morning’ a pesar de que la hora es casi 5 de la tarde.

Saca una botella de Charanda y me persuade a un chupito antes de empezar a hablar por varios temas con desvios frecuentes.

Por la primera vez en mi vida alguien me pregunta si soy de las Islas Malvinas.

La charla continua.  Y continua.

‘Bienvenidos a Mexico City brother!’ (Gruñido gutural)

Un buen rato después me extraigo.

‘Qué te vaya muy bien! Cuidate mucho! Qué Dios te bendiga!’

‘A tí también amigo, a tí también.’

Continuo mi camino a la estación para recibir la bienvenida del guardián canino dormido.

Upon arrival at Juanacatlán I almost immediately don my good Samaritan cap.  An ancient  hooded lady asks me to carry a heavy crate of who knows what for her to a parking lot basement.

I trudge on through the streets with the little old lady trailing behind, barking directions.

We finally make it and she shows me much gratitude (to the extent that she wants to give me 5 pesos) but is sharply blunt to one of the two beer-swilling occupants that greet us there.

Straight away she quips ‘ you’re much fatter than him!’

Back in the open air a fruit-vending vehicle rolls by megaphoning prices.

In the case that you’re after something more substantial then you could take the so called:-

TIGER CHALLENGE

‘If you eat a $60 WILD torta in less than 15 minutes it’s FREE. 

If not, you pay double.

I think that I’ll never tire of the vibrant street art in this city and seemingly the city isn’t going to tire of serving it up either.

Parque Lira has a couple of alebrijes on display at the moment  as well as a number of other interesting permanent sculptures.

Heading back down the hill I meet Alejandro who calls out an amiable (tinged, ok, smothered in intoxication) ‘Good Morning!’ in English despite the hour being around 5 in the afternoon.

He whips out a little bottle of charanda and coaxes me into a nip before delving off into myriad topics with frequent diversions.

For the first time in my life I am asked whether I am from the Falkland Islands.

Idle chatter goes on.  And on.

‘Bienvenidos a Mexico City brother!’ (Guttural growl)

Some time later I extricate myself.

‘Best of luck! take care! God bless you!’

You too mate, you too.

I wend my way back to the station to be welcomed by its dormant canine guardian.